• reservar-hotel-balneario-huesca-vilas-del-turbon-04.jpg
  • reservar-hotel-balneario-huesca-vilas-del-turbon-06.jpg
  • reservar-hotel-balneario-huesca-vilas-del-turbon-08.jpg
  • reservar-hotel-balneario-huesca-vilas-del-turbon-11.jpg
  • reservar-hotel-balneario-huesca-vilas-del-turbon-05.jpg
  • reservar-hotel-balneario-huesca-vilas-del-turbon-09.jpg
  • reservar-hotel-balneario-huesca-vilas-del-turbon-01.jpg
  • reservar-hotel-balneario-huesca-vilas-del-turbon-10.jpg
  • reservar-hotel-balneario-huesca-vilas-del-turbon-02.jpg

Se extiende en la parte norte más oriental de Aragón y presume de una personalidad muy definida y un repertorio natural inagotable: la cumbre más elevada de Aragón, el Aneto, y tres cauces -el Ésera, el Isábena y el Noguera Ribagorzana-.

El territorio tiene una clara diferenciación entre la Alta y la Baja Ribagorza. Como capital comarcal ejerce Graus, la villa en la que confluyen el Ésera y el Isábena, especialmente conocida entre historiadores y gastrónomos por razones distintas. Entre los primeros, por ser el lugar de retiro y muerte del célebre autor altoaragonés, líder del regeneracionismo, Joaquín Costa. Y entre los segundos, por ser la principal lonja nacional del mercado de la escasísima, exquisita y altamente cotizada trufa. Su caserío está protegido por Nuestra Señora de la Peña, la colegiata que preside desde la roca todo el conjunto urbano. Graus es una población de traza medieval, con calles largas y rectas. La otra joya de Graus, además de la colegiata, es la Plaza Mayor, de forma irregular y con edificios completamente diferentes entre sí, como si de personas se tratase. Además destacan la fachada policromada de la casa del barón de Abella, los edificios estrechos con cierto sabor a modernismo y el caserón Bardexí.

Al norte de la comarca se encuentra el Valle de Benasque, una zona con un gran atractivo turístico plenamente consolidado. Aquí se localiza la estación de esquí de Cerler, con la impresionante vista de la mayor concentración de altas cumbres en España. Benasque, transformado en un lugar que recibe a una gran cantidad de turistas, resulta un fascinante pueblo pirenaico jalonado de grandes casas fortificadas.

En cuanto a templos religiosos, los más destacables son la catedral de Roda de Isábena y el Monasterio de Obarra, ambos situados en el Valle del Isábena. Roda fue la sede episcopal y capital del histórico condado ribagorzano. Esta recóndita y hoy casi anónima villa fue, hasta la reconquista de la tarifa musulmana de Lérida, uno de los más importantes y activos obispados de la España cristiana. La catedral y su entorno monumental certifican su glorioso pasado y ponen de manifiesto la riqueza y la influencia que tuvieron estas tierras. La catedral es un edificio singular, de tres naves, que alberga junto al muro norte el claustro románico, con una interesante sala capitular, además de un rico museo catedralicio. Sobre los restos de la primitiva catedral se construyó la definitiva, románica, entre los siglos XI y XII. El museo de la catedral abarca un rico patrimonio que fue expoliado en 1979. Entre las piezas que desaparecieron se encontraba la valiosa silla de San Ramón, de la que se recuperaron fragmentos posteriormente. Por su parte, Obarra, fundada en el siglo IX, es un templo magnífico de cuatro naves, con planta basilical. En el exterior se aprecia la decoración lombarda, que recorre los muros y las naves en su parte superior.

El río Noguera Ribagorzana se constituye en barrera natural entre Aragón y Cataluña. En esta zona destaca como villa más emblemática Benabarre, con su llamativo castillo y, a sus pies, el amplio caserío. Los tramos del Noguera Ribagorzana ofrecen paisajes muy variados. El curso alto es el propio de la alta montaña, con peñas escarpadas. En su tramo medio, el río atraviesa municipios como Montañana que todavía conserva intacto su sabor medieval.

Esta web utiliza cookies. Al continuar navegando aceptas su uso.