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La montaña de los manantiales


El origen de la cordillera pirenaica se produjo en la era Terciaria (65 millones de años atrás) como resultado de la descomunal colisión entre las placas tectónicas Ibérica y Eurosiberiana a lo largo de más de 100 km. Las rocas más duras del zócalo o basamento se fracturaron y apilaron unas sobre otras, emergiendo a grandes alturas los materiales de mayor antigüedad formando el llamado Pirineo Axial, donde se alinean las más altas cumbres pirenaicas que superan los 3.000 m. destacando el Aneto (3.404 m.)., Posets/Llardana (3.369 m.) o Monte Perdido (3.348 m.). Por su parte, las rocas que se habían depositado más recientemente se comprimieron y desplazaron hacia el sur, despegándose del basamento y conformando las llamadas Sierras Interiores, cordón de crestas calcáreas con una altitud que no supera los 3.000 m. entre las que se encuentran el propio Turbón (2.492 m.), Cotiella (2.912 m), Tendenera (2.847 metros), Telera (2.762 m.) o Collarada (2.883 m.).



En el entorno del macizo del Turbón se localizan numerosas fuentes, algunas caídas en el olvido por el abandono de la actividad del pastoreo. Esta gran riqueza en surgencias se debe a un curioso fenómeno, el karst, propio de terrenos calcáreos, como es el caso del Turbón. Estos substratos son muy permeables y poseen numerosas grietas que conforman un complicado sistema de conducciones interiores por las que circula el agua. Esta agua infiltrada, que fluye por el interior de la montaña, emerge de nuevo a cotas más bajas.




El agua minero medicinal del Manantial Virgen de la Peña.


El uso del agua como medio curativo es una práctica conocida desde muy antiguo. Las élites griegas ya apreciaban la hidroterapia y para los romanos y cartagineses era una práctica social muy extendida que iba más allá del afán curativo.

Tras siglos de oscurantismo medieval, la actividad balnearia renace en Europa entre los siglos XVIII y XIX. En España aparece un Real Decreto en 1816 que regulaba la hidroterapia, instando a que cada uno de los baños más importantes del reino tuviera un profesor, versado en hidroterapia y medicina, para indicar su aplicación y uso.

En el caso del Hotel Balneario Vilas del Turbón, las aguas del manantial Virgen de la Peña fueron declaradas como minero medicinal mediante orden del Ministerio de Industria del año 1.958 y son bicarbonatadas, cálcicas, oligometálicas y fuertemente hipotónicas. Están indicadas especialmente para tratar afecciones de ácido úrico, cálculos renales y vesiculares y es una excelente bebida para desarreglos metabólicos y un buen diurético.


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